El final Anunciado: Cappa lo fueron de River y nunca pudo armar un equipo de Cappa. Por Leo Farinella

River es una caricatura, un equipo deprimido, anárquico, que cada día juega peor, situación que se profundiza cuantos más días tiene para preparar un partido. La llegada de Cappa generó una ilusión que al día de hoy, hay que admitirlo por más que duela, se ha desvanecido. Lamentablemente, esto se pondrá peor, teniendo en cuenta que el próximo rival es Boca… Un mal resultado ese día motivaría la legítima preocupación de los habitantes del barrio River por las vibraciones del Monumental. No pudo Angel hacer jugar a River como a él y a nosotros nos gusta. Puede caerme simpático, hasta disfrutar de sus puteadas y pasaría horas escuchándolo hablar de fútbol, pero también hay que ser realistas y darse cuenta cuando la cosa no va. River está perdido. Necesita, urgentemente, un cambio de estado de ánimo. Hay que armar un River pensando en ganar la Copa Libertadores, porque la presión por la pelea de no irnos a la B será durísima, más que jugar la Copa. ¿Cuál es el sentido de cambiar y cambiar para poner a pibes que sienten sobre sus espaldas la mochila de responder en esta brava coyuntura? Lanzini va a jugar bien, Cirigliano también y así podríamos seguir, con Funes Mori, Lamela, Pereyra y algunos más. Pero primero hay que armar un equipo de hombres que saque a River de esta situación angustiante. Cappa no pudo. Y mete banquinazos que producen bollos, toda la semana manda el equipo al taller, cambia piezas, le da unos martillazos, le da una mano de pintura, pero todo sigue igual: se le pincha la goma delantera derecha y cambia la trasera izquierda. Es obvio que los jugadores ya no captan el mensaje, la intención, porque sólo eventualmente damos tres pases seguidos y eso no es normal: pesa la camiseta. Además, con los continuos cambios, Cappa erosionó el vínculo: ¿qué jugador va a morir por él? ¿Alguno, acaso?
El diagnóstico es contundente. Si miramos los números de este torneo, la evidencia te pega de lleno en la frente. River no llega a los 30 puntos ni con la orden de un juez (que, por otra parte, como nos vienen dirigiendo, si dan una orden no será para beneficiarnos). Passarella también es responsable. No por la apuesta por Cappa, que sonó seductora. Sí por el plantel. Es increíble que tengamos la dependencia que tenemos de Almeyda, que estuvo cuatro años retirado y volvió para dar una mano. Cuando digo que hay que armar un equipo para ganar la Copa, me refiero a refuerzos de jerarquía, personalidad, calidad probada, y no quemar a chicos que todavía son proyectos. El objetivo era llegar a 60 puntos. Si juntamos 25 en este Apertura tendríamos que sumar 35 en el Clausura. ¿Nombres? Braña, Guiñazú, D’Alessandro, Silva. No seamos soberbios, ni compremos el discurso malicioso de los que aseguran, entre interrogación y admiración, ¡¿cómo va a descender River?!, mientras se frotan las manos de sólo pensar que eso puede suceder.

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